La respuesta a este interrogante
sigue siendo un misterio pero lo que sí pude advertir es que entre los
damnificados que participan activamente en nuestras redes sociales, además de
la educación y el respeto, hay otro denominador común que es la escritura.
La gran mayoría es gente que sabe
redactar y lo hace muy bien.
¿Esto quiere decir que a todo el que sabe redactar y lo hace muy bien,
le molesta el ruido?
No, necesariamente. Lo que quiere
decir es que entre el universo de los afectados es una de las características
predominantes.
¿Son todos escritores profesionales?
Tampoco, algunos son
investigadores, otros administrativos, abogados, periodistas, docentes,
ingenieros, sociólogos, etc.
Si lo planteamos en términos
filosóficos alguien podría preguntarse ¿Cómo
pueden tener algo en común egresados de ciencias duras y blandas que trabajan
con paradigmas muy distintos como el positivista, el interpretativo y el
socio-crítico?
La respuesta es que los
damnificados por la violencia acústica tienen un mismo ADN, Sus sistemas de
alerta del organismo funcionan perfectamente y poseen una capacidad de
concentración superior a la normal. Por eso, quizás, es que en este tipo de
personas el ruido es considerado como una
amenaza, un enemigo que puede dañar esa compleja y aceitada estructura al punto
tal de debilitarla y hacerle perder sus potencialidades.
Son lo que llamamos personas
pensantes, con niveles de abstracción y de percepción de la realidad bastante
más elevados que el resto, lo que les permite darse cuenta en el acto cuando
algo no está bien y detectar en forma inmediata todo tipo de agresiones (aún
las más sutiles) y manipulaciones a la que están siendo sometidos. Esa es la
razón por la que, en la mayoría de los casos, no concurren a los actos
políticos, se retiran de los comercios y restaurantes cuando el sonido está
alto y no toleran los graves que producen golpes y vibraciones. Para decirlo
con claridad, son muy difíciles de engañar porque ni la música, ni los medios
de comunicación, ni las ilusiones necesarias de la sociedad de consumo, ni ningún
invento humano es capaz de seducirlos, atraparlos, doblegarlos o reducirlos.
¿Son la reserva moral de la República como dice la diputada Carrió?
Afirmar eso parece demasiado
ostentoso pero de lo que sí estamos convencidos es que son un remanente escogido,
un montón de personas de distintos lugares, posiciones económicas, sociales y
laborales que no siguen la corriente de este mundo.
¿Qué les falta para triunfar?
Unirse, dejar de lado el egoísmo,
la queja y la comodidad, y entender que nadie puede salvarse sin esfuerzo, valor
y compromiso con las necesidades del otro. Hay que abandonar el área de confort
y comenzar a utilizar la inteligencia para construir grupos, elaborar proyectos, instalar el tema en los
medios, subir las escalinatas e ingresar en los despachos de concejales,
legisladores provinciales y nacionales hasta lograr las leyes y estructuras
necesarias para resolver el problema. Luego, hacer lo mismo con los
funcionarios.
¿Por qué no se hace?

¿Hay ejemplos?
Afortunadamente sí porque esa
tendencia ha cambiado en los últimos años y hoy podemos mencionar una gran
cantidad de grupos en Argentina y otros países europeos como España.
¿Cuáles son?
Uno de los mejores ejemplos es la Red de Vecinos contra la Agresión Acústica
Necochea, fundada por Mirta de la Llosa, una de las
dirigentes más formada, completa y valiente del país.

En la ciudad de Paraná está Maximiliano Montani, quién se ha
dedicado especialmente al ruido del tránsito y -más específicamente- al que
producen las motocicletas. Tiene el grupo más numeroso y suma apoyos
cotidianamente.
En Resistencia, Juan Carlos Tuyaré creó el Foro Ruidos Molestos
Resistencia. Posteriormente surgieron Autoconvocados y Afectados por Boliches.
Actualmente están elaborando un Código Municipal Ambiental y lograron que el
intendente ponga un límite de 60 decibeles “A” a las fiestas nocturnas.
La Plata hizo punta en demandas
judiciales. El grupo Autoconvocados por la problemática de la Nocturnidad presentó
un Recurso de Amparo contra locales bailables y obtuvo fallo favorable que fue
ratificado en segunda instancia.

En España hay varios fuera de
serie. Debo mencionar en primer término a Juan
Carlos Platero, el fundador de
Unidos contra el Ruido. Un dirigente muy generoso que abrió su grupo de Facebook
a todas las asociaciones de vecinos y, cuando encontró talentos, compartió con
ellos el rol de administrador.

En Ourense y Pamplona hay dos
cerebros con una claridad conceptual llamativa: Armando Ojea Bouzo e Itziar
Gradín San Martín.
El primero de ellos podría
enseñar filosofía o sociología acústica en cualquiera de las universidades más
prestigiosas del mundo.

En Ibiza, una
ciudad portuaria y turística donde las discotecas y la música electrónica son
moneda corriente, emergió Cecilia Galbis,
presidenta de la Asociación
de Vecinos de Sa Riba. Ha denunciado todo y ha tenido la visión estratégica de
unirse con otras organizaciones dentro de su localidad, España y Europa. Este
año participó de la red vecinal “Vivre la Ville Europe” que nuclea
a más de 80 asociaciones de lucha contra la violencia acústica de Francia,
Italia, Portugal, Bélgica y España.
¿Todos estos grupos están integrados en superestructuras?
Algunos sí y otros no.
¿Qué falta para lograrlo?
Un proyecto nacional e internacional
que los contenga a todos.
¿Incluyen estos movimientos una oposición a la pirotecnia eclesiástica?
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