martes, 22 de julio de 2014

LA ADICCIÓN NO PUEDE SER OBLIGATORIA

No a la imposición de escuchar música indeseable

Escuchar música es uno de los placeres de la vida. Pero, al igual que otros placeres, deja de serlo cuando se hace bajo imposición. Obligarle a escuchar música que no tiene interés en escuchar, es como obligarle a leer un libro que no quiere leer. Como obligarle a comer o a beber cuando usted no lo desea. Como obligarle a mantener relaciones sexuales a la fuerza. Como obligarle a jugar bajo amenazas. De la misma manera que ser violado no es hacer el amor, o que el juego obligatorio no es juego, oir música impuesta es "soportar sonidos", pero no "escuchar música".
En la mayoría de los establecimientos, le obligan a tener que soportar música mientras usted compra el tipo de producto que allí se venda. Es algo tan habitual, que no nos paramos a pensar que pueda ser algo dictatorial o alienante. En todas las culturas hay "aberraciones" que no son percibidas como tales por quienes viven inmersos en ellas. En la llamada "vida moderna", esta puede ser una más. La "música obligatoria" nos la venden como un "favor", como una "oferta". Pero la Historia nos enseña a desconfiar de las "ofertas que no se pueden rechazar".

Seriedad, no diversión
Usted no entra en el establecimiento a buscar "diversión", sino el tipo de producto que allí se venda. Aquel que están autorizados a comercializar, y por lo que pagan impuestos. La diversión se vende en otros establecimientos concretos, como "pubs" o discotecas, en los que sí tiene sentido que le pongan música. Pero las personas adultas no quieren diversión a todas horas, como no quieren comer a todas horas, ni beber a todas horas, ni jugar a todas horas. Y mucho menos si es de forma obligada. En muchas ocasiones, por diversos motivos, no querrá usted diversión en absoluto. Pero los comerciantes le presuponen, "por defecto", un "quinceañero", sin nada más importante en qué pensar que en escuchar música y divertirse continuadamente. Demasiado presuponer.
La música ambiental es absurda en un aula, en un juicio, en un pleno municipal, en un consejo de administración, o en un Parlamento. Se dice que son "lugares serios". Pero un establecimiento comercial no tiene por qué ser considerado menos "serio". Comprar, gastar el dinero, siempre es algo serio. O por lo menos tienen que respetar su derecho a tomárselo en serio. ¿Qué sentido tiene tener que soportar dogmáticamente música para comprar macarrones, medicinas o zapatos, para pagar un recibo bancario, o para contratar un seguro, por poner sólo algunos ejemplos? Usted tiene derecho a darle a todos sus actos el grado de "seriedad" que estime oportuno, incluido el de comprar, sin que nadie decida por usted que los trivialice.
Si dice que quiere comprar en estado "normal", sin tener que escuchar música "narcotizante", suelen responderle: "Si no está dispuesto a escuchar música mientras compra, no entre". Mediante ese mismo razonamiento, podrían obligarle a comprar andando a gatas, diciéndole: "Si no quiere usted hacerlo, es muy libre de no entrar aquí". Pero lo único a lo que pueden obligarle es a pagar por lo que compre. La escucha obligatoria de música no guarda relación (salvo en los casos apuntados) con el producto o servicio que allí se vende, y obligarlo a escuchar música es un atentado contra su dignidad, como obligarlo a jugar, o a andar a gatas. Desde luego que usted puede encontrar divertido andar a gatas, pero cuando lo decida usted, por ejemplo jugando con su hijo. Pero no estaría dispuesto a que se lo impusieran como condición para entrar en un comercio con la excusa de que "es divertido". Lo que sea divertido para usted, debe decidirlo usted.

Estrategia macabra
Por poner un ejemplo concreto: los restaurantes. ¿Por qué tienen que obligarle a comer escuchando música? ¿En qué escuela de hostelería se explica que cualquier plato debe llevar como ingrediente necesario un ritmo de batería, un solo de guitarra eléctrica o el maullido desafinado de una cantante adolescente? Mucha gente soporta la música en los restaurantes sin protestar. Es lo que los expertos en maltrato llaman "sumisión aprendida". Pero si ese mismo sonido lo oyeran en el comedor de su casa, proveniente del vecino de arriba, la reacción sería muy diferente.
La presencia de música hace que sólo puedan mantenerse conversaciones cortas e intranscendetes. La música narcotiza los cerebros y estorba en la comunicación entre personas, por lo que, cuando desaparece bruscamente, se hace patente la falta de verdadero interés en los temas tratados, acerca de los que no hay mucho que hablar. Si no hubiera habido música, las conversaciones se habrían animado desde el principio, y serían mucho más interesantes. Pero los empresarios de hostelería no deben querer eso. La gente estaría más tiempo en sus locales, sin consumir necesariamente más por ello. Prefieren aturdir a sus clientes con música no solicitada, para que consuman, no se relacionen, y se vayan pronto a intentarlo en otro lugar. En el que tampoco lograrán conversar y relacionarse porque la plaga musical les estará esperando también allí. Otro ejemplo pueden ser los autobuses. Si en un autobús con la música apagada entra un viajero con un aparato encendido, el resto de los viajeros protestan. Pero si la enciende el propio conductor, la soportan. Otro caso de "sumisión aprendida". Lo mismo sucede cuando en bares o cafeterías soportamos estoicamente programas de televisión que "zapearíamos" automáticamente en nuestras casas.
A la "mayoría silenciosa" de las personas les molesta la música ambiente, como demuestran estudios serios en todo el mundo. Y seguramente les molestaría a un mayor número si eliminasen su propia autocensura a planteárselo. Pues, como en todas las dictaduras, el truco está en que no se cuestione. Otras, no se atreven a protestar por un equivocado sentido de la educación. O por miedos acomplejados, como ser consideradas "anticuadas" u otros temores similares, absurdos e intrascendentes. También hubo un tiempo en el que no estar dispuesto a soportar el humo del tabaco de otros era "ser anticuado".

La droga sonora
Ciertos colectivos están interesados en promover esa "droga sonora". A los comerciantes se les han convencido de la falsa idea de que venden más así. Estudios serios en todo el mundo demuestran que no es más que uno de tantos tópicos falsos. ¿Realmente creen que la gente es, de forma significativa, tan estúpida como para comprar o dejar de comprar algo porque le pongan música? Es fácil comprobar que muchas cadenas multinacionales de éxito ya no tienen música en sus establecimientos. Saben que no se "acaba el mundo", que no viene el "cuco", que no es "pecado" trabajar en algún lugar que no sea una discoteca. Y es que ya no hay zapaterías, sino discotecas donde venden zapatos. No hay restaurantes, sino discotecas donde dan de comer, etc. Otras veces, donde hay música ambiental, hay un problema oculto que permanece sin resolver, y la música lo enmascara como cuando se pone para disimular esperas en el servicio. Problema que podría ser resuelto contratando a más personal por poner sólo un ejemplo.

Adicción oculta
De esa manera, con la técnica del "perro de Pavlov", han conseguido "drogar" a muchas personas con la música ambiental. Como todos los adictos, lo negarán. Pero, si se la apagan, reaccionarán con la misma agresividad con la que lo haría un drogadicto al que le quitan su dosis. El "mundo real" les resulta extraño tal como es. Necesitan de la alteración de la percepción que les proporciona el altavoz interfiriendo en sus procesos mentales. Si les pide que apaguen la música, lo más que estarán dispuestos a hacer será ponerla baja, diciendo: "Está tan baja, que es como si estuviese apagada". A lo cual se les puede responder: "Pues si es como si estuviese apagada,¿ por qué no la apaga?". Reconocerán entonces que "no es lo mismo". Efectivamente. Y, si no es "lo mismo" para ellos, no tiene por qué serlo para usted. Observe sus reacciones. Son las propias de los síndromes de abstinencia de los drogadictos. Si le dicen: "Pero qué manía tiene usted con apagar la música", usted puede responder: "La manía es la suya, la de tener que escuchar música para todo, a todas horas, y en todas partes". Esas personas sufren de una especie de "Síndrome de Estocolmo", sus cerebros están "secuestrados" por el sonido permanente de un altavoz. No disfrutan de la música por elección. La necesitan por adicción, para evitar los efectos del síndrome de abstinencia. Como las mujeres maltratadas que no pueden vivir sin su maltratador, necesitarían un tiempo de alejamiento y de "desintoxicación".
Pero que ciertas personas necesiten su "droga", no les da derecho a obligar a los demás a consumirla. Las drogas no pueden ser de consumo obligatorio. Como apuntábamos antes, hay muchos aspectos comunes con la adicción al tabaco y el supuesto "derecho" (hoy eliminado) de imponerlo a los no fumadores.

Ladrones del derecho
Si le bombardean con música en todas partes y a todas horas, le saturan y le hartan con música indeseada por lo que no le quedarán ganas de escuchar música a su gusto, cuando llegue a su casa. Le "roban" el derecho a disfrutarla. Es por eso que los mayores detractores de la música ambiental impuesta suelen ser los amantes de la música. El gran pianista y director de orquesta Daniel Baremboim es uno de ellos, y dirige una asociación en ese sentido. Los países con mayor cultura musical son los más intolerantes con ese tipo de "contaminación acústica".

Armando Ojea Bouzo
Administrador del grupo internacional Unidos contra el Ruido
Miembro destacado de Red de vecinos contra ruidos molestos y contaminación acústica https://www.facebook.com/groups/504957582911377/
Integrante de la Organización Lucha contra los vecinos ruidosos
Orense, España.


Publicado por diario digital Momarandu.com Disponible en sitio web:

Publicado por Corrientes en el Aire. Disponible en sitio web:

Publicado por diario El Disparador de Concepción del Uruguay. Disponible en sitio web:
 

7 comentarios:

  1. Creo que siguiendo con la idea del sonido usado como estupefaciente que refiere el autor, debemos decir que hay dos partes implicadas en esta situación, el adicto, que escucha sonidos incongruentes, y que percibe como un lenitivo el golpe del sonido. Un adicto al tabaco me dijo una vez, que se fumaba un cigarrillo pues eso le hacia sentir mas calmado. En realidad, era el efecto adictivo, donde su cerebro le pedía aquella droga a la que se había acostumbrado. Por otra parte, están los que instrumentalizan a las personas, buscando hacerlas adictas al sonido/ruido, de manera de hacerle probar esta cocaína sonora que es el ruido, para que sus cerebros se acostumbren. En efecto, tenemos personas que consumen y compran diversión y ruido, en boliches, o en artefactos de vibración como son los subwoofer, para generar sensaciones adrenalinicas y estupefacientes. Hay que tener una cosa bien en claro, y creo que lo dice el autor en su articulo, que imponerle a una persona cualquier sonido indeseado, es violar la dignidad de esa persona, es decir, negarle al otro su ser persona, es como decir que te pueden practicar un acceso carnal auditivo impunemente, junto con el sadismo de pretender que a una persona le agrade esto. Es un desprecio y un desdén por la vida del otro ser humano.

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    1. Totalmente de acuerdo con su comentario; y reitero lo que un algún momento comenté el el grupo de Faceboock, Red de Vecinos ..., según el terapeuta de una señora afectada por "vecinos ruidosos", los ruidos molestos son equiparables a una violación, (entendida ésta como ataque sexual ); es una situación no deseada, violenta y afecta la intimidad. Por otra parte, el análisis comparativo que hace el autor de la nota entre el agresor acústico y el drogadicto, es claramente ilustrativo, todos los que hemos tenido que lidiar con agresores acústicos conocemos sus reacciones violentas e irracionales; en este sentido, cobra especial significado el hecho de que la mayoría de los damnificados optan por someterse, "dejándolo pasar" como modo de evitar conflictos, otros reaccionan violentamente, como consecuencia del estímulo negativo que sufren sus nervios, otros, simplemente enferman. Lo cierto es que, más allá de la postura que se adopte, los ruidos molestos no le son indiferentes a ninguna persona, por el contrario, hoy más que nunca, son un verdadero problema que afecta cada vez más a la sociedad toda y, al igual que una pandemia, se va propagando por las distintas latitudes.

      Cristina Cuello

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    2. Me parece muy cierto y real lo que menciona Bouzo, nadie puede obligarnos a escuchar música cuando no queremos y que elijan nuestra música si esta no nos gusta incluso en un lugar público, los derechos de los demás termina cuando empiezan los nuestros y los nuestros cuando comienzan los del otro...

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  2. "MUSICA ES EL ARTE DE COMBINAR LOS SONIDOS Y LOS SILENCIOS, Y ES UNA DE LAS SIETE ARTES, POR TANTO QUIEN COMPONGA UNA "MUSICA" DEBE SER CONSIDERADO UN ARTISTA, QUE AUNQUE NO SEA UN EXIMIO, POR LO MENOS DEBE TENER CONOCIMIENTO DE ARMONIA, MELODÍA, RITMO, TIMBRE, TONO, ETC Y LA OBRA DEBE SER INTERPRETADA TAMBIEN POR UN ARTISTA , POR ALGUIEN QUE EJECUTE CON MAESTRIA EL INSTRUMENTO, Y SI TOCA "DE OÍDO", DEBE TENER UN MUY FINO OIDO MUSICAL, ASI SE LOGRARÁ QUE LA MUSICA SEA PLACENTERA, COMO LO SON MUCHAS OBRAS QUE HACEN VIBRAR EL ALMA HUMANA. TODO SE REDUCE A QUE CAUSE PLACER O DISPLACER . ESTO ULTIMO ES LO QUE NOS PRODUCE LA "MUSICA" QUE NOS IMPONEN Y DEBEMOS ESCUCHARLA AUNQUE NO LO QUERAMOS, YA QUE INVADEN NUESTRA PROPIEDAD CON SUS POTENTES EQUIPOS DE SONIDO QUE ATURDEN, QUE IMPIDEN LA CONVERSACION, QUE IMPIDEN VER TV, QUE IMPIDEN VIVIR EN PAZ...LA MAYORÍA CREE QUE CUANTO MÁS VOLUMEN TENGA EL RUIDO DISFRAZADO DE MUSICA, SERA MEJOR...EL PORQUE DE ESTA CONDUCTA, NO LO LO SE; ES UN TEMA DE SOCIOLOGOS Y/O PSIQUIATRAS...PERO PUEDO INFERIR QUE ESTOS SUJETOS BARULLO-ANIMADOS NECESITAN DEL BOCHINCHE, DEL RUIDO, DEL ATURDIMIENTO PARA VIVIR PSEUDO FELIZMENTE, SE DEBE A SUS CRÁNEOS HUECOS, TAN HUECOS COMO SU PROPIA VIDA....
    ARGENTINO ROQUE FERNANDEZ

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  3. AGRESION SONORA
    COMO INTRODUCION AL TEMA , ME PARECE PROPICIO EL SIGUIENTE CUENTO: "POR UNA SENDA, EN EL MEDIO DEL BOSQUE, IBAN CAMINANDO UN NIÑO Y SUI PADRE, EN BUSCA DE LEÑA PARA LLEVAR A SU CABAÑA. COMO SE IMAGINARÁN, EN LA PAZ DEL ENTORNO SE ESCUCHABA EL CANTO DE LAS AVES, EL RUMOR DE LAS HOJAS DE LOS ARBOLES, Y SUS PROPIOS PASOS. DE PRONTO EL NIÑO ESCUCHO UN SONIDO DISTINTO, POR ELLO DIJO A SU PADRE : "¿LO ESCUCHAS PADRE? "¿QUE SERA?", EL PADRE SONRIÓ, Y DIRIGIENDOSE AL NIÑO LE RESPONDIÓ ; "NO TE PREOCUPES HIJO, ES UNA CARRETA QUE SE ACERCA Y ESTA VACIA." EL NIÑO SORPRENDIDO INQUIRIÓ DE NUEVO A SU PADRE "¿COMO PUEDES SABER QUE LA CARRETA ESTA VACIA, SI AÚN NO SE LA VE"?EL HOMBRE RESPONDIO: POR EL GRAN RUIDO QUE HACE HIJO; UNA CARRETA LLENA, NO HACE TANTO RUIDO. TRAZANDO UNA COMPRACION CON UNA PERSONA QUE HABLA MUCHO, QUE SOLO SE ESCUCHA A SI MISMA O QUE HACE MUCHO RUIDO, PUEDO ADIVINAR QUE ESA PERSONA, EN REALIDAD ESTÁ VACIA. CUANDO DIGO VACÍA, ME REFIERO AL VACÍO EXISTENCIAL
    (NIHILISMO) ¿PORQUE TANTA GENTE HABLA MUCHO TODO EL TIEMPO ¿POR QUÉ ESA EXTRAÑA COMPULSIÓN A ATURDIRSE Y A ATURDIR?, QUIZA SE DEBA AL VACIAMIENTO Y SUBVERSION DE VALRES QUE PADECE NUESTRA SOCIDAD, A LA FRUSTRACIÓN DE NUESTROS JOVENES Y ALGUNOS ADULTOS, PADRES, AUTORIDADES PERMISIVAS Y CARENTES DE CAPACIDAD DE EMPATTIA Y DE CONSIDERACION CON EL PROJIMO, QUE LO DESCALIFICAN COMO ADULTOS. ESTO NOS INDICA EL DETERIORO DE LA ADULTEZ COMO VALOR Y COMO DEBER DE LA DISMINUIDA AUTORIDAD DE LOS PADRES, LA INCAPACIDAD DE LOS MAESTROS. O TAL VEZ ESTE FENOMENO SIN TANTA LUCUBRACIÓN, ONTOLOGICA, SE REDUZCA A ALGO MENOS COMPLEJO, Y DEBAMOS REMITIRNOS AL FILOSOFO ALEMAN ARTHUR
    SCHOPENHAUER , QUIEN EL SIGLO XVIII DIJO; "LA CAPACIDAD QUE TIENE UN HOMBRE PARA PRODUCIR Y SOPORTAR EL REUIDO, ESTA EN INVERSA RELACIÓN CON SU INTELIGENCIA. . HACE MILES DE AÑOS LOS ANTIGUOS ASENTAMIENTOS HUMANOS UBICABAN LOS TALLERES DE OFICIOS RUIDOSOS, LEJOS DE LAS POBLACIONES. EN LA ANTIGUA ROMA JULIO CESAR FORRAR CON TRAPOS Y/O CUEROS LAS RUEDAS DE LOS CARRUJAES QUE RECORRIAN LAS CALLES, PARA ATENUARSU RUIDO
    NO DIGO DE NINGÚN MODO QUE TODO TYIEMPO PASADO FUÉ MEJOR, PERO DEBERÏAMOS MIRAR UN POCO EL PASADO Y RESCATAR DE EL, LO BUENO. ESTABLECER LEYES, NORMAS UNIVOCAS, Y HACERLAS CUMPLIR. PARA QUEW ESTOS AGRESORES ENTIENDAN QUE NO SE PUEDE AGREDIR A LA GENTE IMPUNEMENTE CREO QUE ES LA UNICA FORMA; SOMOS HIJOS HIJOS DEL RIGOR

    Argentino Roque Fewrnandez

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  4. Cuanta verdad que dice éste Señor!!. Si en un comercio o restaurant nos ponen música a alto volumen tenemos la opción de no volver más, pero en el caso de un vecino molesto no hay muchas obsiones o lo denuncias haciendo valer tus derechos o vendes tu casa y te mudas a otro barrio. Otro de los puntos en el que Sr Bouzo tiene mucha razón es que el agresor al imponerte a escuchar su música es como que te obligara a leer, jugar,comer algo que no gusta. Muy buen articulo, me siento reflejada con lo que Bouza escribio con respecto a los que no saben convivir y no respeta el derecho de toda persona.

    Dorys.

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  5. Excelente artículo Armando, coincido con vos, lamentablemente en las sociedades subdesarrolladas la música se ha convertido en el opio de los pueblos. Es utilizada como instrumento de manipulación para evitar que la gente piense y se de cuenta de lo que sucede.

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